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Capítulo 1 (Libro 3)





-Apreciadísimas matemáticas, a ver si maduras y resuelves tus problemas sin necesidad de terceras personas.- Farfulló Pau al arrancar otra página tras varios intentos de resolver el problema que mandó el Señor Donald. Por suerte nos colocaron de nuevo juntas tras las bajas de Zack, Nathaniel, Demetrius, Amon y Vivian. Lo cierto es que el colegio –y sin exagerar- parecía estar de luto ya que cada profesor comenzaba sus clases por alagar sus cualidades, incluso la Señorita Carera dedicó una clase a darnos una charla sobre lo bueno y lo malo de los cinco. Las mayores afectadas fueron las chicas que lloraban de vez en cuando con la ausencia de su perfecta utopía… ¿tenía que ponerme celosa? Lo mejor era que ahora me nombraban como “la novia de Zack” y nada más. Eso sí, seguramente cuchicheaban por las esquinas nada bueno sobre mí por haberles arrebatado la mona lisa de su museo, nada más que envidia.

Sin embargo Dino seguía en el colegio. Nunca lo veíamos a la hora del recreo pero seguramente se dedicaría a buscar nueva gente para pasar el día. Posiblemente ya no contaban con él ya que Zack y compañía se dedicaban a otras cosas… secretas. En clase seguía con sus bromas irónicas a pesar de estar francamente solo. Pero por supuesto las niñas lo aplaudían y el resto de niños lo habían posicionado como el sustituto de Zack. ¿Popular? Solo un pelele que no se dignaba ni a hablarnos.

Lori también estaba cerca nuestra ya que la nueva disposición de la clase nos permitió situarnos como al principio del curso. Cheba y él eran inseparables después de que su mejor amigo, Dino, nos diera esquinazo. Seguíamos bromeando en las clases e incluso volvíamos a salir todos juntos, como antes.

Vicky, Andreita y Pau contaban con Pho y conmigo para todo, nos llamábamos más frecuentemente e intentaban hacer de celestina con Phoebe para que al fin Ángelo y ella salieran juntos.

Nathaniel, Ángelo y Gabriel se acercaban casi todos los días a saludarnos, sobretodo Ángelo quién seguramente era el que los arrastraba hasta las puertas del instituto. Aún se mostraban apáticos con migo pero no les importaba que estuviera presente.

Para mi desgracia, Lola se había instalado en mi cuarto de nuevo, llenando mi habitación de absurdos maquillajes y de chismes que solo a ella podían gustarle. Sin embargo, de vez en cuando podíamos hablarnos sin chillar ni molestarnos, solo cuando alguna no podía dormir y provocaba que la otra tampoco, solo entonces era cuando hablábamos como verdaderas primas.

Demetrius siempre me importunaba con su hostilidad y con su arrogancia, así que yo me mostraba igual. Amon me trataba como si fuera su hermana, siempre tenía una sonrisa para mí y por supuesto preguntaba por mi prima quién no paraba de hablarme de él. No pude evitar contarle todo lo que ella me soltaba y lo enamoradita que estaba de él. Lo hacía porque no se mofaba de ella ni dejaba de dirigirle la palabra, es más, ambos parecían una pareja de varios años a pesar de que Amon ni siquiera había pensado en salir con ella.

Con Eríka y Nefertary me sentía indiferente, las saludaba cuando las veía y no me acordaba de ellas cuando no estaban. Pero Eríka seguía siendo la mensajera y guardaespaldas cuando Zack se iba lejos a no sequé sitio, por lo que hablaba con ella como si estuviera hablando con mis suegros –de forma restringida- que por cierto, ya los había tratado en varias ocasiones. Incluso mis padres cenaron con los suyos un sábado donde las dos mujeres salieron muy amigables y los dos varones algo irritados por el mero hecho de ser compañeros de trabajo.

Nathaniel y yo seguíamos con la actitud que teníamos desde que nos conocimos. Nos mirábamos, nos sonreíamos y nos sentíamos bien estando el uno junto al otro, a pesar de que cada uno tenía claro sus sentimientos: yo seguía con Zack y Nathaniel sabía que a ambos los quería con la misma magnitud.

Y Zack… bueno con Zack era semejante, pero con derecho a roce. Habíamos tenido durante este tiempo dos discusiones que nos hicieron separarnos varios días, pero él siempre venía y nos reconciliábamos. Lo cierto era que aún no había reclamado ese favor que le debía a pesar de que me lo recordaba cada cierto tiempo. Cada vez que me lo recordaba sentía más miedo que en la anterior… ¿qué estaría tramando?

En cuanto a mí  misma, seguía igual de dramática en algunas ocasiones y feliz en otras. Los cambios de humor eran muy frecuentes en mí sobre todo cuando tenía tiempo para pensar en que algún día todo esto desaparecería. En mis días felices las mariposas revoloteaban dentro de mí y me sentía enormemente mayor. Las notas iban cada vez mejor a pesar de algún que otro pinchazo en algún examen. Nada que debiera preocuparme.

Acabó el invierno y comenzó la primavera y tras tres semanas transcurridas, comenzábamos un lunes 31 de enero demasiado estresante. A pesar de comenzar la nueva estación, todos olíamos el verano, cada vez más cerca…

-Estoy harta de las malditas matemáticas, ¿por qué nunca me puede salir un problema de éstos? Tampoco soy tan tonta.
-Si te sirve de consuelo a mí tampoco me salen.-Suspiré al borrar con típex una página entera.
-A ver, ¿tú crees que estos problemas lo tiene la gente normal? –Señaló el ejercicio.- Una peña deportiva contrató un autobús para seguir a su equipo. Si el autobús se hubiera llenado, cada uno habría pagado 10 euros; pero quedaron 12 plazas vacías y el viaje costó 14 euros. ¿Cuántas plazas tenía el autobús?-Tachó con fuerza otra posible solución.- La gente normal contaría los asientos y ya está.
-Vamos chicas que es muy fácil, lo que pasa es que no pensáis.
-Lo que pasa Lori es que hay treinta y cinco problemas y me voy por el segundo.-Se cruzó de brazos mosqueada.
-Hay 42 plazas, ala ya puedes pasar al siguiente.-Es ese momento sonó el timbre. El sonido agudo del arrastrar de sillas y mesas surgió de golpe en todo el piso. Metían lo más rápido que podían en la mochila los libros como si tuvieran que huir del aula.
-¿Alguien ha dicho que podáis recoger?-La melodiosa y ronca voz del profesor interrumpió la huída masiva de la clase.- Sentaos y dejad las mochilas en el suelo.
-Pero ha sonado el timbre profesor.-Protestó Dino que mantenía en su regazo la mochila.
-Como si suena la alarma del pentágono Petrori, aquí se sale a las tres en punto y yo os dejaré salir a las tres en punto.
-Se sale a menos cinco profesor.                              
-Eso no es lo que pone en las normas.-Dino se cruzó de brazos. El profesor observó a todos y a cada uno de los alumnos a través de sus anteojos asegurándose de que todos habían dejado sus mochilas en el suelo. Tras comprobar cómo los alumnos se habían sentado y miraban impacientes la puerta, el profesor miró el reloj y, contando los minutos y segundos exactos concluyó.-Ya podéis salir.



-De verdad que los profesores están cada vez peor.
-Por molestar a sus alumnos lo que sea Pau.-Bufó Lori mientras caminábamos con la mayor parsimonia posible por el jardín del instituto.
A esa hora todo estaba patas arriba. Motos, coches y bicicletas circulaban por los alrededores con el objetivo de salir de aquel agujero en donde, por cada tres centímetros, habían cinco o cuatro grupos de niños que se paraban para conversar, la mayoría justo delante de la puerta lo que imposibilitaba el “tráfico” y taponaba la entrada, como siempre.
-¿Ese no es Amon Schneider?-Murmuró Pau señalando a la entrada.
Efectivamente, el joven que saludaba a todos y cada uno de los que pasaba a su lado, era Amon Schneider.
-Vendrá a saludar a mi prima.
-¿Cuándo le vas a quitar de la cabeza a ese chico?
-Pau a mi me cae bien, y pensaríais lo mismo si le conocierais.
-También pensaríamos lo que tú piensas de Zack si fuera su novia.-Le empujé suavemente en la espalda.
Me acerqué a él mientras Lori y Pau se mantenían a cierta distancia de nosotros.
-Hola Amon.
-Hola kleine, vine a llevarme a tu prima… hasta una hora respetable.-Entrecerré los ojos irónica.
-No tendré que preocuparme, ¿no?-Negó sonriendo. Alzó su rostro hacia Pau y Lori que mantenían su semblante serio.
-No me he olvidado de vosotros Velázquez y Levinski.-Ambos se miraron sin poder disimular sorpresa.
-¿Cómo está Zack?-Murmuré casi a la altura de su oído. Amon bajó su rostro y sonrió.
-Mejor que bien kleine, él no se olvida de tu cumpleaños.-Sonrió picarón.
-¿Qué tengo que pensar sobre eso?
-Lo que quieras aunque… será tu cumpleaños, aprovecha y pide lo que quieras.-Tras guiñarme un ojo me marché junto con Lori y Pau.



-Amon es increíble, es todo un caballero.- Comentó de repente Lola mientras cenábamos.-Ojalá me pidiera salir ya.-Sus ojos brillaban como cualquier enamorada y su mente viajaba a rincones más allá de la realidad, mucho más allá.
-No seas tan precipitada Lola, en mis tiempos debíamos esperar meses y meses, incluso años para que el chico se declarara, tú ya me entiendes.
-Pero es que es tan perfecto…
-Que te lo pida cuando estés en Londres porque sino también debo de preocuparme por tu chico y ya bastante tengo con el de tu prima.-Le sonreí con una mueca. Intenté seguir buscando palabras inocentes para poder decirle mis planes, pero en ese momento no me atreví.
-¿Sabéis que todos los veranos va a Alemania para visitar a su familia?
-No me digas.-Fingió interés papá.
-¿Os imagináis yo en Alemania? En una casa grande y espaciosa, lejos del mundanal ruido, él y yo solos, con preciosos bebés de ojos…-Papá tosió de golpe. Tuvimos que darle entre mamá y yo unos cuantos golpecitos en la espalda para que cediera el atragantamiento.
-¿Be… bebés?
-Claro.
-Anda Lolita dile a tu padre lo mismo, ya verás lo contento que se pone.-Ella sonrió mientras rellenaba la cuchara de transparente sopa. Ahora tampoco era el momento.
-Bueno.-Tragó.- Este viernes Bratt quiere que vayamos a su casa a cenar… por el cumpleaños.-Me quedé cayada y quieta. Estaba claro que le había contado mi plan, aquel que me costaba tanto decirle- Pero resulta que no es para que nos quedemos, já, lo que quiere Bratt es que Shana y Lola se vayan a una sesión de spa con Rose McNemfield y Bratt y yo a cenar con los compañeros de trabajo. Para dejaros solos dice.
-Hombre John, ¿así tan directo te lo ha dicho?- Asintió sin dejar de mirarme.
-Si Amon viene con Shana y conmigo, por mi no hay problema.
-No vamos a ir.
-¡Papá!-Salté.- ¿Por qué te lo tomas tan a pecho?
-¿Y para qué queréis estar solos?
-Para hablar.
-Já, que crees que nunca he sido joven.-Chasqueé con la lengua. Pensé unos momentos alguna excusa convincente.
-¿Y si Lola y Amon se quedan con nosotros?
-¡Sí!-Exclamó eufórica.-Tío por favor…
-¿Y por qué tiene que haber dos chicas y dos chicos?-Papá siempre ponía pegas a todo.-De todas maneras yo voy a la cena porque estaba programada desde hace tiempo.
-¡Ah! Mira él.-Mamá puso los brazos en jarra.- ¿Y yo no puedo salir? Pues que te quede claro que yo voy con Rose.
-Shana…
-Lo siento mucho John, pero yo quiero una sesión de spa.-Añadió mamá mientras retiraba los platos. Miré a Lola de reojo. Ésta se levantó y tras un “me voy a la cama” se fue a mi cuarto.
-Yo también me voy, hasta mañana.-Dejé a mis padres discutiendo sobre qué harán para no quedarme sola con Zack.



*
-Zack, creo que es hora de que te vayas a tu casa.-Le murmuró Vivian tras comprobar cómo ya no le interesaba lo que decía Demetrius. El joven de ojos azabache negó con la cabeza mientras aferraba entre sus manos la copa de vino.
Estaban en la parte de arriba del restaurante, como siempre. Todos reunidos: Nefertary, Eríka, Demetrius, Amon, Vivian, Annibal y Zack. Tanto los ángeles como ellos sabían perfectamente que solo faltaba uno y nada más que uno para que acabara todo aquello. Realmente Zack sentía en aquellos momentos sentimientos contradictorios. Le apetecía volver a su verdadero hogar, junto a su gente, con la que verdaderamente era su gente. Sin embargo, algo le impedía convencerse del todo de que quería totalmente marcharse de allí. Aquello le provocó una sonrisa en su rostro. Kimberley era una chica especial y no solo por cómo era sino por lo que emanaba. No obstante algo le inquietaba, si verdaderamente era ella así, como es que, conviviendo con ella desde pequeño, no se había fijado ningún instante en ella.
Contempló el vino mientras removía suavemente la copa. Era curioso como ese año le había engatusado aquellos ojos verdes y aquella sonrisa tan inocente que poseía la única hija de los Hilthom.
-No era tan difícil la última vez.- Se lamentó Amon acariciando su barbilla.
-Porque la última vez, Amon, consistía en enfermar a toda la población posible y éramos muchísimos más.- Le corrigió Nefertary con tono de reproche. Amon le sonrió mientras asentía sarcástico.
Zack dirigió su mirada hacia Annibal, quien lo miraba apoyado en un extremo de la chimenea que ahora permanecía encendida. Zachary ni siquiera se inmutó ante una mirada que a cualquiera le hubiera petrificado. Ambos se mantenían en silencio, mirándose el uno al otro. Zack tragó saliva cuando Annibal le sonrió. Éste se apartó de la chimenea y comenzó a hablar.
-No debe de ser tan difícil, en mi opinión, el último debe de estar demasiado cerca como para que ninguno de nosotros se diera cuenta…-Añadió sin apartar la mirada de Zack.- ¿Y si…? ¿Y si la razón por la que el destino te haya hecho fijar tus ojos en una chica fuera porque ella realmente tiene la clave?
Todos dirigieron sus miradas hacia el joven quien sabía perfectamente a donde quería llegar. Realmente podía tener razón de que su atracción solo fuera dada por su relación con el último. Frunció el ceño al pensar que podría ser ella…
-No lo creo, nunca he sentido nada que me diera indicios de…
-Recuerde mi señor que las marcas están presentes en la espalda, ¿ha tenido oportunidad de asegurarse de no tener nada en esa zona?
Zachary titubeó mientras contemplaba como Annibal se regocijaba en su interior reflejándolo en su rostro.
-No.-Contestó sin mostrar ningún tipo de emoción.
-Oh, ¿porqué no se ha fijado o porque no ha tenido oportunidad?-Cuestionó picarona Nefertary. Sin embargo, Zack dirigió una mirada penetrante a la cobriza quien enseguida captó la idea y cerró la boca literalmente.
-Debes de averiguarlo por nuestro bien y si es ella la última, haz lo que deberías de hacer…
-Y si no yo estaré encantado de hacerlo por ti.-Completó Demetrius con su típica sonrisa mientras Zack entrecerraba los ojos.
- -

Ya en mi cuarto, Lola me contó su plan mientras se cambiaba.
-Tú te vas a casa de Zack y yo me quedo con Amon.-Lo que me gustaba de Lola era que en algunas cosas era totalmente franca. Lástima que solo fuera en contadas ocasiones…
-No tengo inconveniente.-Negué emocionada por la idea de poder hacer un pacto con Lola que no perjudicara a ninguna de las dos.
-Pues tiene que ser un secreto, ¿eh?-Dijo mientras se dirigía al cuarto de baño.- ¿Vas a entrar?
-No…
-Lo digo porque voy a quitarme el maquillaje y me lleva tiempo.-Me advirtió esbozando una sonrisa.
-Tómate el tiempo que quieras.-Contesté sin ánimo de ofensa –esto solo ocurría en contadas ocasiones- mientras me dirigía al armario donde el noventa por ciento del espacio estaba ocupado por Lola y el diez por mi ropa.
-¡¿Crees que Amon me pedirá salir pronto?!-Exclamó por detrás de la puerta sin saber que mis padres quizás estuviesen escuchando. Titubeé unos instantes para darle la mejor respuesta posible.
-Puede…
-Oh Kim es que, es que… creo que estoy enamorada.-Suspiró las palabras.
“Demasiado precipitado” Cavilé mientras ponía los ojos en blanco. Me cambié de ropa rauda y veloz por eso de que todavía me costaba tener intimidad con mi querida prima y por la posibilidad de que saliera en cualquier momento. Sin embargo, Lola, no era tan tímida, se cambiaba siempre que no se duchaba delante de mí. Éramos distintas desde luego. Por un instante me invadió la nostalgia. Recordé entonces cuando éramos pequeñas cuando el día no tenía fin si jugábamos a las muñecas o cuando nos entreteníamos con Gary y con Sam. En aquel tiempo todos nos llevábamos bien y no había quien nos separara.
Salió del cuarto de baño en menos tiempo que otros días donde tardaba el doble. Estaba claro que las ojeras que ahora tenía eran producto del maquillaje mal retirado.
-¿Qué…?-Me cuestionó cuando comprobó que la estaba observando. No pude evitar sonreírle y señalarle las ojeras. Lola frunció el ceño y se dirigió al cuarto de baño donde gritó alarmada.
-No sé porque no me he dado cuenta, ¡qué vergüenza!-Se lamentó. Me reí aun sabiendo que no debería de hacerlo ya que ahora que nos llevábamos medianamente bien… y yo no iba a ser quien lo estropeara.
Volvió de nuevo a la habitación y me miró con los ojos como platos, con las ojeras algo rojas por la presión que había hecho con la toalla para quitarse el color negro. Le sonreí para que no volviera a quejarse y para que se relajara.
Se quitó la camiseta que llevaba. Entonces vi aquellos tres lunares casi irreconocibles formando un círculo totalmente redondeado en su espalda mientras se colocaba su pijama. Sonreí incrédula intentando hacerme creer que era una locura que Lola, justamente ella tuviera la marca.
-Lola… ¿qué raros son esos lunares, no?-Se giró hacia mí.
-¿Qué lunares?
-Los que tienes en la clavícula.
-¡Ah! Es una simple marca de nacimiento. De todas maneras casi nadie los percibe.-Los descubrió de nuevo al levantarse la camisa y los observó con dificultad a través del espejo. Sin duda era la marca, Lola era la última que quedaba para que Zack y Nathaniel desaparecieran de mi vida…
Quizás actué de forma egoísta pero decidí que esto sería un secreto que me llevaría a la tumba, de tal forma que su desaparición dependía de mí… y de Phoebe.



-¿Estás segura Kim?-Pudo decir al fin.
-¿Crees que te preocuparía si no fuera verdad?-Chasqueó con la lengua muy nerviosa.
-Pero… pero Kim… no se lo puedes decir a nadie.
-Eso ya lo tenía claro.
-Kim… no puedo dejar que Ángelo se vaya, no dejes que lo haga.-Suspiré.
-Eso depende solo de nosotras dos… y de Amon.-Abrí los ojos y recapacité.
-¿Amon?
-No puedo dejar que siga viéndose con mi prima.-Me llevé la mano a la cabeza. Me mordí el labio mientras miraba a mí alrededor –de mi habitación- por si una oreja indiscreta captaba mis palabras.
-No creo que haya peligro.
-Más vale prevenir que curar…



-¡Kim ve a sacar la basura!- El grito interrumpió mi cuidada ortografía del folio. La página estaba totalmente limpia hasta que mamá vociferó desde la cocina. ¿Desde cuándo me mandaban bajar la basura? Pues nada, con un corrector desaparecía cualquier impureza.- ¡KIM!
-¡VOY!-Grité de mala gana. Dejé el bolígrafo en la mesa y arrastré la silla hacia atrás. Me dirigí a la cocina mientras pensaba la excusa para no sacar la basura.
-¿Por qué no vas tú o papá como siempre?-Mamá hacía un nudo en la bolsa.
-Ya va siendo hora de que lo hagas tú.
-Pero…
-Ya vale Kim, está aquí al lado.- Me entregó la pesada bolsa verde y me aproximé hacia el ascensor.



Abrí el contenedor que desató una pestilencia provocando que mis lágrimas casi brotaran. Contuve la respiración hasta que logré encestar la bolsa, ya que los contenedores eran casi más altos que yo y por lo tanto costaba lo suyo mantener la tapa levantada y cargar con una bolsa de al menos cinco kilos. Dejé caer la tapa y respiré nuevamente aire puro y fresco.
-Hola…-Giré mi rostro con el corazón en un puño –era muy miedica ¿y qué?
-¿Qué haces aquí?-Vestía totalmente de negro y su sonrisa suscitó dos “hoyitos” en sus mejillas. Demetrius me provocaba pavor.
-Paseaba y mis pies me llevaron hasta aquí.-Bufó mientras se acercaba a paso lento hacia mí. Mis ojos miraron hacia los lados nerviosos intentando atisbar alguna figura amiga. Di un paso atrás.
-Me tengo que ir…-Dispuesta a salir lo más rápido que pude, noté en mi brazo una presión. Su rostro se acercó al mío.
-Llevo días intentando encontrarte sin ningún guardaespaldas.
-Suéltame.-Murmuré al no poder liberarme de su brazo. El miedo paralizó mis piernas y mi pensamiento quién solo podía gritarme “Huye, huye”
-Ahora que te tengo a mi alcance no voy a dejarte marchar.-Su sonrisa era cadavérica y sus ojos se enrojecieron alrededor de su iris.
-Déjame…
-Se que sabes dónde está la última.
-No sé de qué me hablas.
-¡No me vengas con memeces!-Aquellas palabras martillearon en mi oído. Intentaba gritar pero solo emitía aspiraciones cortantes y frías.-Dime quién es…
-No seas tímida.-Susurró Annibal que permanecía detrás de mí. Ahora estaba atrapada. Dos presencias como las suyas provocaban en mí más que miedo… pánico. No podía pensar en otra cosa que en mi propia muerte.
-No lo sé.
-¿Quieres que me enfade? ¡DIMELO!- Gritó Demetrius mientras sus ojos se convertían en dos sangrientas circunferencias. Entonces pude gritar. Él se apartó de inmediato y miró a su alrededor. Annibal ni se inmutó.
-Puede que a ti no te podremos hacer nada, pero eso no me impide jugar un rato con alguien… cercano.-Sus ojos se movieron lentos hacia mi casa. Desde luego Annibal era un profesional en la intimidación.
-¡No te atreverás!-Ante sus sonrisas no pensé en otra cosa que en estrellar mis nudillos en la mejilla de Demetrius. Tras esto, salí como pude de la presión que ambos infundían. Demetrius gritó furioso mientras sus puños permanecían totalmente apretados. Annibal pareció sobresaltarse. Corrí y corrí ciegamente hasta dentro del bloque de pisos. Observé aún con el corazón en un puño como sus alas esqueléticas surgieron de sus espaldas y desaparecieron.



-Los libros cerrados no enseñan nada Levinski.- Reprendió el Señor Petrori al entrever entre la multitud de compañeros que Pau estaba con la cabeza apoyada en el libro cerrado. Se despertó lentamente al escuchar su apellido.
-Lo siento… lo siento… es que ayer casi no dormí.
-Yo no tengo culpa de ello Paula, la próxima vez te acuestas más temprano.- Bajó la mirada hacia el libro de lengua e indicó que siguiera leyendo uno que estaba en primera fila.
-¿Qué te pasó ayer?- Preguntó Lori en voz baja.
-Que vi una peli de miedo… ¡y no veas que peliculón!-Nos miró eufórica.
-¿Por qué ves películas de miedo si sabes que después no duermes?-Me enderecé en la silla fingiendo seguir la lectura.
-Bah, ¿y lo bien que te lo pasas en el momento de verla?-Lori asintió sonriendo. Ambos compartían aquel afán por ver películas que después no dejaban dormir.
-¿Por qué no vemos una en el cumpleaños de Kim?
-¿Qué? Oh no, no, no.-Negué con la cabeza.- Yo no soy de esas que disfrutan con cosas macabras.
-La primera noche la pasas mal pero en la segunda ya duermes como siempre, además, al día siguiente no habrá que levantarse temprano.
-Espera, espera… ¿A qué día os referís?-Pau y Lori se miraron incrédulos.
-Pues al viernes naturalmente.
-Ya… resulta que el viernes ya tengo planes.
-Pero… tú sabes que siempre… ¿por qué no nos preguntaste antes de hacer planes?- Estaba claro que a Pau la había desanimado.
-El sábado también es un buen día.- Sonreí fingiendo poca importancia.
- A ver, ese grupito de atrás, ¿qué acabo de decir?- Nos farfulló el profesor.





-¿Qué tipo de planes tienes?-Vicky no parecía tan decepcionada.
-Cenar con mis padres…
-Y con Zack, seguro.-Pau cruzó sus brazos sin mirarme.
-No creo que haya ningún inconveniente en celebrarlo el sábado, de todas maneras Phoebe es la que ofrece la casa.-Comentó Vicky intentando apaciguar el enfado a Pau.
-No creo que mi madre tenga planes que suponga la ocupación de la urna.
-Ea pues.-Añadió Andreita.- ¿Qué tendré que llevar, patatas, refrescos…?
-No hace falta que os traigáis nada, en cuanto supo que era para celebrar el cumpleaños de Kim, se hartó de comprar todo tipo de cosas. Lo peor es que mi hermano no para de intentar convencer a mi madre de poder comer aunque sea un buche de cualquier refresco.- Dijo Phoebe sonriendo.
-Pobre…
-Es que la comida lleva una semana a la vista de todos.-Todos sonrieron nerviosos por que llegara el sábado… ¿todos? Menos yo.
-Pau podría llevar una película de miedo.-Añadí entre aquellas sonrisas. Pau me miró eufórica.
-¡Prometo que traeré la mejor!



Esperé lejos de la puerta a que saliera Lola. De vez en cuando dirigía una miradita a la puerta para vigilar si Amon llegaba. Hoy parecía que no se iba a presentar. “Mejor” pensé. Tenía que proteger a mi prima como fuera y más cuando Annibal y ahora  Demetrius me vigilaban. Es más, estaba segura de que en esos momentos estaban acechándome. ¿Debía decirle a Zack que Demetrius estaba hostigándome? Él me preguntaría el por qué y yo tendría que hacerme la víctima y decirle “No lo sé” entre lágrimas de cocodrilo. Seguramente Zack se cabrearía con ellos y ambos le escupirían todo lo que han llegado a descubrir –no sé cómo- sobre lo que sé. Podría escaparme gritando que no sabía nada pero no sería de extrañar que Zack sospechara algo e indagaría hasta dar con mi prima. Mejor no decir nada y punto. Tampoco podía decirle que mi familia corría peligro… ¿y a Nathaniel? Bueno lo haría si sería capaz de correr hacia él y decirle que Demetrius me estaba acosando. Debía afrontarlo sola pero, ¿cómo?

*
Caminaba con las manos en los bolsillos de su chaqueta negra mientras el viento ondeaba sus cabellos tapando parte de su visión. Tenía tanto frío que por no mover sus heladas manos, no agarraba sus cabellos con una gomilla. Suspiró y el vaho emergió de su garganta. Le faltaba poco para llegar a casa después de una tarde en la biblioteca estudiando sin ser consciente de lo que le rodeaba. Sentía como la mochila le pesaba de vez en cuando al pensar en la cantidad de cosas que había almacenado en su cabeza esa tarde. La calle estaba solitaria supuestamente por que la gente no salía muy a menudo por estas fechas, o al menos lo evitaba. Sin embargo, los estudiantes tenían que salir por obligación sin calefactor que disipara el frío y enfrentarse a los profesores que hablaban y hablaban y no paraban de hablar, como el villancico. ¿Cansada? Si, ¿nerviosa? También. Nerviosa por lo que estaba a punto de experimentar en unos meses, la selectividad ¿qué sino?... ¿y si estaba nerviosa por lo que podía pasarle a Lola? O mejor dicho, ¿a Ángelo? Cerró sus ojos intentando evaporar aquel pensamiento.
Algo le llamó la atención y sus pies pararon suavemente. Miró a su alrededor intentando identificar a cualquier animalito que causara tal ruido en los árboles de su alrededor. Quizás estaba tan inmensa en sus pensamientos que su mente le jugó una mala pasada. Volvió a retomar el paso. Arrugó el entrecejo nerviosa mientras agarraba con fuerza la chaqueta con sus manos a través de los bolsillos.
De nuevo aquella sacudida en los árboles. Oh, por favor, si seguramente sería el viento que azotaba las hojas, ¿qué cosa se ocultaría bajo unas ramas finas y fáciles de distinguir? Sonrió. Pero de aquel árbol que observaba cayó una plumita. Se acercó a él un poco calmada.
-¿Ángelo?-Susurró.
-Presente.-La joven se giró hacia atrás donde permanecía el ángel.
-Me habías asustado.-Murmuró tímida. Ángelo sacudió sus cabellos rubios y rizados como disculpa.- ¿Qué hacías siguiéndome?
-Me… me gusta observarte.-Miró hacia otro lado bastante más nervioso que Phoebe quién sonrió adulada.- ¿Y tú qué haces tan sola por estas calles?
-Estaba en la biblioteca, pero se me hizo muy tarde.-Se acercó a ella.
-Te acompañaré a casa.-Ella sonrió y aceptó retraída sin saber que alguien les estaba observando.

-Esta es.- Phoebe sacó las llaves de su bolsillo.
-Al menos ya sé dónde puedo encontrarte.-Añadió mientras miraba el chalet de piedra rojiza.
-Gracias por acompañarme.-Ángelo se encogió de hombros y se acercó a ella aún más.
-Quiero verte otro día.-La joven miró hacia los dos extremos de la cuerda que se asomaba en el cuello de la sudadera del ángel. Los intentó igualar. Jugueteó nerviosa con ellos sin saber que responderle. “Claro” podría decir si quería estropear aquel momento. Lo mejor era no decir nada, se mantendría callada y sonriente. Entonces Ángelo sujetó el rostro de la joven con las dos manos y lo alzó. Se acercaron tanto el uno al otro que olvidó respirar. Conocía esa sensación, sabía que se sentía con el primer beso, aunque este no lo fuera del todo. Sin embargo y para sorpresa de ella, la besó en la frente muy dulcemente.
-Buenas noches.-Le susurró. Entonces Phoebe no tuvo más remedio que aceptar aquel casto beso y abrió la puerta para después entrar en su casa.
De repente alguien lo amordazó con unos guantes negros de cuero que no tenían ningún olor… Su codo impactó en el estómago del opresor quién, tras el golpe, lo soltó. A pesar de la gran oscuridad que envolvía a aquel hombre pudo entrever su característica y sádica sonrisa.
-Demetrius.-Susurró con una mueca.
-En mi opinión, ella buscaba algo más que un beso en la frente.- Se mofó mientras sus pasos resonaban en todo la calle.
-¿Qué quieres?
-Saber quién es el último.-Los músculos de Ángelo se relajaron.
-Ambos buscamos lo mismo.-Demetrius miró hacia la casa de Phoebe y luego sonrió.
-Quizás ella lo sepa…-Ángelo le cortó el paso hacia la puerta.
-Ella no lo sabe.
-¿Por qué, porque te lo hubiera dicho?-Vociferó una carcajada. Demetrius dio un paso y el ángel se mantuvo entre la puerta y el demonio.
-Ella no lo sabe.- Demetrius volvió a sonreír sádicamente. Volvió a mirar hacia la casa y saltó dispuesto a atravesar el muro pero el ángel reaccionó rápidamente y lo tiró al suelo con un fuerte golpe con los nudillos en el rostro. El demonio se levantó poco a poco manteniendo una respiración entrecortada. Su nariz estaba completamente destrozada y la sangre ocultó parte de sus pómulos. Demetrius lo miró con los ojos envueltos en un color rojo. Incluso a Ángelo le inquietó aquel rostro resentido de Demetrius. Fue un resplandor lo que golpeó en el estómago con la mayor fuerza posible aunque tras unos segundos reconoció con la mirada emborronada el rostro endemoniado de Demetrius quién actuó con gran fiereza. Lo que Ángelo pudo sentir fue un golpe en el brazo que posiblemente se lo rompió y que seguramente hizo caer el Cristal de Vida. 

3 Responses so far.

  1. Noemi says:

    genial !!!!
    tienes que subir ya el siguiente capitulo.....

  2. Almu♥ says:

    No sé como lo haces, pero cada capítulo me gusta más. Me ha encantado cuando el profesor ha dicho: "-Como si suena la alarma del pentágono Petrori, " xDDD
    Por cierto, te he puesto en mí lista de favoritos en mi blog de "Llevame contigo" :)
    Espero el próximo capítulo pronto:3
    Besos.

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